22 junio 2026

Queridos amigos y amigas:

Las crisis aportan claridad.

Y aqu¨ª en Londres ¡ªla ciudad de Dickens¡ª queda claro que nuestro mundo se enfrenta a una ¡°Historia de dos crisis¡±.

Una crisis clim¨¢tica que nos empuja cada vez m¨¢s hacia temperaturas m¨¢s elevadas y nos acerca a puntos de inflexi¨®n catastr¨®ficos.

Y una crisis energ¨¦tica que pone de manifiesto la insensatez de un mundo adicto a los hidrocarburos.

A primera vista, estas crisis pueden parecer independientes.

Pero comparten la misma fuerza destructiva:

Los combustibles f¨®siles.

Y requieren la misma respuesta: Una transici¨®n r¨¢pida y justa hacia una energ¨ªa limpia, as¨ª como un impulso a la adaptaci¨®n, la resiliencia y la justicia clim¨¢tica para quienes ya est¨¢n sufriendo da?os clim¨¢ticos.

Queridos amigos y amigas:

Crisis n¨²mero 1: el caos clim¨¢tico se est¨¢ acelerando ante nuestros ojos.

Acabamos de vivir los 11 a?os m¨¢s calurosos de los que se tiene constancia.

Las cat¨¢strofes clim¨¢ticas son cada vez m¨¢s frecuentes, destructivas y costosas.

Y la Organizaci¨®n Meteorol¨®gica Mundial ha advertido de que esto es apenas el principio.

El Ni?o no solo est¨¢ llamando a la puerta. Podr¨ªa echar la casa abajo.

Subir la temperatura. Alterar los sistemas alimentarios e h¨ªdricos. Y afectar con mayor dureza a los m¨¢s vulnerables.

Hace diez a?os, los l¨ªderes mundiales acordaron en Par¨ªs limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados cent¨ªgrados.

Ahora los cient¨ªficos afirman que las temperaturas medias anuales superar¨¢n ese umbral en los pr¨®ximos a?os.

La tarea que tenemos ante nosotros consiste en limitar estrictamente ese rebasamiento, acortar su duraci¨®n y reducir las temperaturas a menos de 1,5 grados cent¨ªgrados lo m¨¢s r¨¢pido posible.

Cada fracci¨®n de grado es crucial.

Cada momento cuenta.

Porque cuanto m¨¢s elevado y prolongado sea el rebasamiento, mayor ser¨¢ el riesgo de traspasar los puntos de inflexi¨®n planetarios que desencadenan cambios irreversibles.

Hoy, la Junta de Asesoramiento Cient¨ªfico de las Naciones Unidas publica un informe en el que se detalla exactamente lo que eso supondr¨ªa.

Los sistemas de arrecifes de coral se ver¨ªan empujados hacia el colapso.

Se acelerar¨¢ la p¨¦rdida de los mantos de hielo de Groenlandia y la Ant¨¢rtida Occidental, lo que provocar¨¢ un aumento del nivel del mar que transformar¨¢ las costas, desplazar¨¢ a millones de personas y amenazar¨¢ la existencia de algunas naciones insulares.

Se debilitar¨¢n los principales sistemas de circulaci¨®n oce¨¢nica que regulan el clima y las precipitaciones.

Y algunas zonas de la selva amaz¨®nica adoptar¨¢n condiciones similares a las de la sabana.

 

Queridos amigos y amigas:

Los puntos de inflexi¨®n de la Tierra son como los objetos que se ven en el espejo retrovisor de un coche:

Est¨¢n mucho m¨¢s cerca de lo que parece.

Al mismo tiempo, nos enfrentamos a una segunda crisis.

El conflicto en Oriente Medio ha desencadenado un choque energ¨¦tico de enorme magnitud.

 

La Agencia Internacional de la Energ¨ªa afirma que, por su magnitud, es comparable a las crisis petroleras de la d¨¦cada de 1970 ¡­ y a la agitaci¨®n que sigui¨® a la invasi¨®n rusa de Ucrania.

Combinadas.

Para muchos pa¨ªses en desarrollo, no es solo una crisis energ¨¦tica.

Es una crisis de deuda. Una crisis alimentaria. Una crisis para el desarrollo.

Y a?adir¨ªa que cualquier acuerdo de paz es bienvenido y supondr¨ªa un alivio muy necesario, pero ¡ªque no quepa duda¡ª es probable que las repercusiones sean duraderas.

 

Queridos amigos y amigas:

Estas dos crisis han puesto de manifiesto una vez m¨¢s los l¨ªmites de un modelo de desarrollo obsoleto.

Un modelo basado en los combustibles f¨®siles, en el que un solo conflicto puede trastocar el suministro energ¨¦tico mundial y un solo cuello de botella puede disparar los precios.

Un modelo que considera que la naturaleza es inagotable, y que puede consumirse sin consecuencias.

Un modelo que ha generado una enorme riqueza, pero que tambi¨¦n ha agravado la desigualdad y alimentado la inseguridad.

Un modelo en el que quienes menos han contribuido a provocar las crisis son los que pagan el precio m¨¢s alto.

La lecci¨®n es clara: este modelo no tiene futuro.

La comunidad internacional reconoci¨® sus l¨ªmites al adoptar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

El mundo no puede volver atr¨¢s.

No podemos seguir apostando por un sistema basado en los combustibles f¨®siles que alimenta tanto la crisis clim¨¢tica como la crisis energ¨¦tica.

Lo que necesitamos, con car¨¢cter de urgencia, es la voluntad de aplicar plenamente los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Combinar prosperidad con resiliencia.

Crecimiento con sostenibilidad.

Y oportunidad con justicia.

La buena noticia es que, a diferencia de todas las crisis energ¨¦ticas anteriores, ahora tenemos una salida clara.

Una salida limpia.

Las energ¨ªas renovables son la fuente de electricidad nueva m¨¢s barata, m¨¢s r¨¢pida y m¨¢s escalable en la mayor parte del mundo.

Desde 2010, el costo de la energ¨ªa solar se ha desplomado casi un 90 %, el de la energ¨ªa e¨®lica terrestre m¨¢s de un 70 % y el del almacenamiento en bater¨ªas un 95 %.

El a?o pasado, la energ¨ªa e¨®lica y la solar superaron todo el crecimiento de la demanda de electricidad nueva a nivel mundial.

La energ¨ªa solar registr¨® el mayor incremento anual de todas las fuentes de electricidad de la historia.

M¨¢s del 90 % de la nueva capacidad renovable a?adida a nivel mundial ya es m¨¢s barata que las alternativas de combustibles f¨®siles m¨¢s econ¨®micas.

Seg¨²n la Agencia Internacional de Energ¨ªas Renovables, la capacidad actual de energ¨ªas renovables supuso un ahorro para la econom¨ªa mundial de 480.000 millones de d¨®lares en costos evitados de combustibles f¨®siles solo en 2025.

Adem¨¢s, las energ¨ªas renovables evitaron unas emisiones de di¨®xido de carbono superiores a las anuales de los Estados Unidos, la Uni¨®n Europea y el Jap¨®n juntos.

Mientras tanto, la inversi¨®n en energ¨ªas limpias est¨¢ atrayendo casi el doble de capital que los combustibles f¨®siles.

Gran parte de este impulso proviene de los pa¨ªses importadores de combustibles f¨®siles, decididos a liberarse de unos mercados energ¨¦ticos inestables e impredecibles.

Porque entienden una verdad fundamental:

Cada unidad de energ¨ªa que un pa¨ªs produce por s¨ª mismo es una unidad menos que debe comprar en un mercado que no puede controlar ¡­ por una v¨ªa que no puede proteger ¡­ a un precio determinado por circunstancias que no ha elegido.

No hay embargos sobre la luz solar ni bloqueos sobre el viento.

        

Queridos amigos y amigas:

Ya se ha dictado el veredicto:

La independencia energ¨¦tica no puede basarse en la dependencia de los combustibles f¨®siles.

Las energ¨ªas renovables son la piedra angular de la verdadera seguridad energ¨¦tica.

La electrificaci¨®n del transporte, los edificios y la industria es una de las formas m¨¢s r¨¢pidas de reducir las emisiones y acabar con la dependencia de los combustibles f¨®siles importados.

Cuanto m¨¢s se alimenten las econom¨ªas de electricidad limpia, m¨¢s seguras, resilientes y competitivas ser¨¢n.

Entonces, ?c¨®mo podemos dar el salto definitivo hacia una energ¨ªa limpia?

Perm¨ªtanme se?alar siete medidas.

 

En primer lugar, debemos actuar con mucha m¨¢s urgencia para limitar estrictamente la magnitud y duraci¨®n de cualquier aumento de la temperatura por encima de 1,5 grados.

La ciencia ha trazado una hoja de ruta clara:

Las emisiones deben alcanzar su nivel m¨¢ximo de inmediato¡­ descender dr¨¢sticamente durante este decenio¡­ y alcanzar el cero neto a nivel mundial para 2050.

Sin embargo, el mundo sigue peligrosamente desviado de su rumbo.

Los planes clim¨¢ticos nacionales m¨¢s recientes reducir¨ªan las emisiones mundiales solo en torno a un 10 % para 2035.

La ciencia nos indica que las emisiones deben reducirse en un 60 % durante ese mismo per¨ªodo para que la meta de 1,5 grados siga estando a nuestro alcance.

Los pa¨ªses del G20 deben tomar la iniciativa, pues sus miembros producen alrededor del 80 % de las emisiones mundiales.

Todos los principales emisores deben acelerar sus medidas.

Y cada pa¨ªs debe ir m¨¢s all¨¢ de sus compromisos.

Acelerando la transici¨®n de los combustibles f¨®siles hacia las energ¨ªas limpias, tal y como se comprometieron los gobiernos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim¨¢tico de 2023.

Poniendo fin a la deforestaci¨®n y restaurando la naturaleza.

Y reduciendo r¨¢pidamente las emisiones de di¨®xido de carbono derivadas de la producci¨®n y el consumo de carb¨®n, petr¨®leo y gas.

El CO? sigue siendo el principal factor que provoca el calentamiento a largo plazo.

Pero tambi¨¦n es hora de dar prioridad a la reducci¨®n de las emisiones de metano.

El metano es responsable de aproximadamente un tercio del calentamiento global.

Es unas 80 veces m¨¢s potente que el di¨®xido de carbono.

Pero, a diferencia del CO?, el metano se descompone en la atm¨®sfera en el plazo de una o dos d¨¦cadas.

Eso significa que unos recortes dr¨¢sticos podr¨ªan traducirse en una reducci¨®n notable de las temperaturas en el plazo de una generaci¨®n.

Por eso, hoy lanzo un Llamamiento Mundial a la Acci¨®n sobre el Metano.

En el Llamamiento se destacan tres sectores.

El sector de los desechos: esto incluye medidas decisivas para reducir el desperdicio de alimentos, poner fin al vertido abierto y capturar las emisiones procedentes de los vertederos y las aguas residuales.

El sector agr¨ªcola: es preciso reducir las emisiones mediante soluciones probadas para fomentar la seguridad alimentaria y proteger los medios de vida de los agricultores.

Y, especialmente, el sector que constituye la causa fundamental de las dos crisis a las que se enfrenta nuestro mundo ¡­ y en el que se pueden obtener los beneficios m¨¢s inmediatos: el carb¨®n, el petr¨®leo y el gas.

Insto a la industria de los combustibles f¨®siles a que d¨¦ un paso al frente y haga lo que deber¨ªa haber hecho hace mucho tiempo.

La Agencia Internacional de la Energ¨ªa ha constatado que alrededor del 70 % de las emisiones de metano procedentes del petr¨®leo y el gas pueden eliminarse utilizando la tecnolog¨ªa existente, en gran parte con un costo neto bajo o nulo.

Sin embargo, solo en 2025 se quemaron unos 167.000 millones de metros c¨²bicos de gas, lo que equivale al consumo anual de ?frica.

El Sistema de Alerta y Respuesta al Metano del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha emitido m¨¢s de 5.000 alertas en 33 pa¨ªses.

Sin embargo, la tasa de respuesta a nivel mundial se sit¨²a en torno al 12 %.

Por eso, las medidas voluntarias ya no son suficientes.

El mundo elimin¨® gradualmente la gasolina con plomo.

Eliminamos las sustancias qu¨ªmicas que agotan la capa de ozono.

El pr¨®ximo paso debe ser la contaminaci¨®n por metano.

Hago un llamamiento tanto a los gobiernos de los pa¨ªses productores como a los de los pa¨ªses consumidores para que establezcan una nueva norma mundial para el sector del petr¨®leo y el gas: emisiones de metano pr¨®ximas a cero en toda la cadena de valor

 

En segundo lugar, debemos hacer frente a la crisis energ¨¦tica actual sin aumentar nuestra dependencia de los combustibles que la provocan.

En todo el mundo, voces influyentes siguen insistiendo en m¨¢s minas de carb¨®n, m¨¢s yacimientos petrol¨ªferos y mayor ampliaci¨®n del gas.

Y esto, en un momento en que el mundo ni siquiera podr¨¢ aprovechar todos los combustibles f¨®siles a los que ya tiene acceso, por no hablar de apostar por nuevos suministros e infraestructura que corren el riesgo de quedar obsoletos mucho antes de que finalice su vida econ¨®mica.

Y seamos claros: no ser¨¢n solo los activos los que queden sin valor, sino econom¨ªas enteras.

El motor del crecimiento de hoy y de ma?ana funciona con energ¨ªa limpia.

Entiendo el impulso de aferrarse a lo que nos resulta familiar, sobre todo en ¨¦pocas de agitaci¨®n.

La promesa de que ¡°todo seguir¨¢ igual¡± puede resultar tranquilizadora para algunas personas.

Pero eso significa pagar m¨¢s a cambio de menos seguridad.

Significa ceder a otros las industrias y los puestos de trabajo del siglo XXI, mientras los riesgos aumentan dentro del propio pa¨ªs.

Eso no es liderazgo. Es una retirada.

Y debemos tener igual de claro qui¨¦n asume el costo:

Los trabajadores.

Las familias que est¨¢n pasando apuros debido al aumento de las facturas, a la mayor incertidumbre y a la sensaci¨®n de que el sistema no las favorece, mientras que los gigantes de los combustibles f¨®siles siguen obteniendo ganancias extraordinarias.

Las ocho mayores empresas de combustibles f¨®siles declararon haber obtenido unos beneficios adicionales de 6.500 millones de d¨®lares solo en el primer trimestre de este a?o, y esa cifra solo incluye un mes de la crisis de Oriente Medio, mientras los precios del petr¨®leo segu¨ªan subiendo y los beneficios aumentaban.

Se trata de ganancias inesperadas fruto del sufrimiento; de la inestabilidad, las penurias y la dependencia.

Insto a los gobiernos a que les apliquen impuestos.

Y los insto a que destinen los ingresos a lo que realmente corresponde: ayudar a las familias y comunidades vulnerables y acelerar la transici¨®n hacia una energ¨ªa limpia y asequible.

Pero no basta con eliminar los subsidios e incentivos perjudiciales. Tambi¨¦n debemos eliminar los obst¨¢culos estructurales que frenan los proyectos de energ¨ªa limpia.

Con demasiada frecuencia, los proyectos se quedan esperando la conexi¨®n a la red el¨¦ctrica, a veces durante a?os.

La transmisi¨®n es insuficiente.

Los sistemas de distribuci¨®n est¨¢n obsoletos.

El almacenamiento se est¨¢ quedando atr¨¢s.

Los sistemas digitales todav¨ªa no son lo suficientemente inteligentes ni flexibles.

Adem¨¢s, las conexiones regionales e interregionales siguen siendo demasiado limitadas.

Si nos tomamos en serio la transici¨®n, debemos considerar las redes el¨¦ctricas como infraestructura estrat¨¦gica.

La era de la electrificaci¨®n exigir¨¢ una enorme ampliaci¨®n de las redes el¨¦ctricas, el almacenamiento y la flexibilidad del sistema.

Y necesitamos normas adecuadas para el siglo XXI.

Los gobiernos deben crear las condiciones necesarias para la inversi¨®n, mediante una planificaci¨®n modernizada, la agilizaci¨®n de la concesi¨®n de permisos y la reforma regulatoria.

 

En tercer lugar, con el aumento constante de la demanda de energ¨ªa, debemos hacer frente a uno de los sectores cuya demanda crece m¨¢s r¨¢pido: los centros de datos de inteligencia artificial.

La inteligencia artificial puede acelerar las soluciones clim¨¢ticas.

Puede ayudar a curar enfermedades, transformar la educaci¨®n y permitir que la humanidad afronte retos que antes se consideraban fuera de nuestro alcance.

Debemos aprovechar ese potencial.

Pero la inteligencia artificial tambi¨¦n demanda grandes cantidades de tierra, agua y energ¨ªa.

Los centros de datos que la sustentan ya consumen m¨¢s electricidad que la mayor¨ªa de los pa¨ªses.

Para 2030, podr¨ªan consumir m¨¢s energ¨ªa que todos los pa¨ªses, salvo cinco, y suficiente agua como para satisfacer las necesidades b¨¢sicas de los 1.300 millones de habitantes de ?frica Subsahariana durante todo un a?o.

Adem¨¢s, ocupan terreno, a menudo en comunidades que apenas se benefician de ello.

A pesar de estas evidentes inquietudes, las comunidades suelen desconocer el impacto ambiental de la infraestructura que se construye a su alrededor.

Por eso, hoy propongo la Iniciativa para la Transparencia Ambiental de la IA.

Hago un llamamiento a todas las grandes empresas de inteligencia artificial para que midan y hagan p¨²blico el impacto ambiental total de sus sistemas ¡ªen cuanto a emisiones de carbono, consumo de agua y uso de la tierra¡ª y se comprometan a que todos sus centros de datos funcionen con energ¨ªa renovable para 2030.

Basta de costos ocultos.

Basta de trasladar la carga a quienes menos pueden soportarla.

Es hora de decir la verdad.

Para que la inteligencia artificial contribuya a construir un futuro mejor, debe ser sincera sobre lo que nos cuesta ahora.

 

En cuarto lugar, debemos lograr una transici¨®n justa.

La historia nos ense?a una dura lecci¨®n:

La mayor amenaza no es la transici¨®n en s¨ª misma, sino la incapacidad para gestionarla.

Ese es el riesgo al que nos enfrentamos hoy en d¨ªa.

La transici¨®n energ¨¦tica no avanza de forma coherente.

La inversi¨®n en combustibles f¨®siles contin¨²a a pesar del crecimiento de las energ¨ªas limpias.

Los pa¨ªses avanzan en direcciones opuestas.

Los productores preguntan: ?Qu¨¦ pasar¨¢ con nuestros ingresos, nuestros puestos de trabajo y nuestras econom¨ªas?

Los consumidores preguntan: ?Seguir¨¢ siendo la energ¨ªa asequible y fiable?

Los pa¨ªses en desarrollo preguntan: ?Seremos capaces de competir o nos quedaremos atr¨¢s?

Y los trabajadores, las comunidades y los j¨®venes preguntan: ?Qu¨¦ significa esta transici¨®n para nuestro futuro?

En estos momentos, las preguntas no se est¨¢n respondiendo de forma coordinada.

Necesitamos un esfuerzo conjunto y pr¨¢ctico centrado en los resultados.

Un espacio que re¨²na a productores y consumidores, a pa¨ªses desarrollados y en desarrollo, al sector financiero, a la industria, a los trabajadores y a la sociedad civil.

Un espacio para prestar atenci¨®n a las cuestiones fundamentales que determinar¨¢n el ¨¦xito o el fracaso de la transici¨®n.

?C¨®mo podemos eliminar gradualmente nuestra dependencia de los combustibles f¨®siles y, al mismo tiempo, impulsar r¨¢pidamente el uso de las energ¨ªas limpias?

?C¨®mo gestionamos los riesgos econ¨®micos de los pa¨ªses que dependen de los ingresos procedentes de los combustibles f¨®siles?

?C¨®mo podemos apoyar a los trabajadores y a las comunidades mediante una transici¨®n justa?

?Y c¨®mo podemos movilizar la inversi¨®n a la velocidad y la escala necesarias?

En septiembre convocar¨¦ a los l¨ªderes para que contribuyan a impulsar esta labor de cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Clim¨¢tico (COP31) que se celebrar¨¢ en T¨¹rkiye.

Porque la transici¨®n en s¨ª ya no se pone en duda.

Ser¨¢ una transici¨®n controlada o ca¨®tica ¡­ justa o desigual ¡­ una fuente de estabilidad o de mayor divisi¨®n.

Esas decisiones siguen estando en nuestras manos.

Y quiero subrayar que la energ¨ªa limpia no puede basarse en pr¨¢cticas sucias.

Una transici¨®n justa implica que los pa¨ªses y las comunidades cuyas tierras albergan los minerales esenciales para el futuro de la energ¨ªa limpia deben participar plenamente de sus beneficios.

Se acab¨® la extracci¨®n sin desarrollo.

 

En quinto lugar ¡ªy esto es fundamental¡ª, debemos hacer mucho m¨¢s para proteger a las personas y a las comunidades de los efectos inmediatos del caos clim¨¢tico.

Porque, aunque corramos a toda velocidad, no podemos escapar del cambio clim¨¢tico.

Sus repercusiones ya se dejan sentir: se acumulan y se agravan en cascada.

Una sequ¨ªa puede convertirse r¨¢pidamente en una crisis alimentaria.

Una tormenta puede convertirse en una crisis de deuda.

Una ola de calor puede convertirse en una emergencia de salud p¨²blica.

La adaptaci¨®n es fundamental.

Salva vidas, protege los hogares y las comunidades, ayuda a las econom¨ªas a absorber los choques y mantiene la cohesi¨®n de las sociedades.

Sin embargo, la adaptaci¨®n se ha considerado durante mucho tiempo una cuesti¨®n de caridad.

Eso es un error.

Los efectos del cambio clim¨¢tico ya est¨¢n transformando el desarrollo, la estabilidad y la seguridad.

Est¨¢n poniendo a prueba los sistemas alimentarios e h¨ªdricos, alterando las cadenas de suministro, ejerciendo presi¨®n sobre las finanzas p¨²blicas y agravando la fragilidad.

Debemos actuar en consecuencia.

La adaptaci¨®n debe integrarse en la planificaci¨®n y la toma de decisiones a nivel nacional, desde las estrategias de desarrollo hasta la regulaci¨®n.

Necesitamos sistemas de seguros y de riesgo compartido m¨¢s eficaces.

Necesitamos sistemas de contingencia que puedan actuar antes de que las perturbaciones se conviertan en cat¨¢strofes humanitarias y econ¨®micas.

 Debemos prepararnos mejor antes de que se produzca un desastre y aplicar plenamente nuestra iniciativa de Alertas Tempranas para Todos.

Y los pa¨ªses desarrollados deben cumplir su compromiso de larga data de duplicar la financiaci¨®n para la adaptaci¨®n, con una trayectoria clara hacia su triplicaci¨®n.

 

Esto nos lleva al sexto punto: todo esto requiere financiaci¨®n con la envergadura, la rapidez y la equidad que exigen ambas crisis.

Hoy en d¨ªa, el sistema financiero mundial est¨¢ fallando a los pa¨ªses que m¨¢s necesitan apoyo.

Sobrevalora el riesgo y subestima las oportunidades.

Muchos pa¨ªses en desarrollo se enfrentan a unos costos de endeudamiento para la energ¨ªa limpia y la resiliencia que pueden ser entre dos y tres veces superiores a los de las econom¨ªas m¨¢s ricas.

Algunos pa¨ªses con inmenso potencial renovable est¨¢n siendo excluidos de la revoluci¨®n de la energ¨ªa limpia.

Sin ir m¨¢s lejos, podemos verlo en el vasto continente africano.

?frica alberga el 60 % de los mejores recursos solares del mundo. El 30 % de los minerales esenciales. Y una quinta parte de la humanidad.

Sin embargo, recibe apenas el 2 % de la inversi¨®n mundial en energ¨ªa limpia.

Al mismo tiempo, m¨¢s de 600 millones de africanos siguen sin tener acceso a la electricidad.

Esto es injusto y supone una oportunidad perdida para ?frica y para el mundo.

Los pa¨ªses desarrollados deben cumplir sus promesas, en particular el apoyo al Fondo de Respuesta a las P¨¦rdidas y los Da?os y al Fondo Verde para el Clima.

Los 300.000 millones de d¨®lares prometidos a los pa¨ªses en desarrollo deben hacerse realidad, con medidas concretas para movilizar 1,3 billones de d¨®lares al a?o para 2035.

En un mundo en que la ayuda se est¨¢ reduciendo, tambi¨¦n debemos aprovechar el papel catalizador de los bancos multilaterales de desarrollo y del sistema de financiaci¨®n para el desarrollo en general a fin de contribuir a la financiaci¨®n de infraestructuras a largo plazo, como las redes el¨¦ctricas, el transporte p¨²blico y los sistemas de abastecimiento de agua.

Las recientes reformas y decisiones de pol¨ªtica han incrementado la capacidad de pr¨¦stamo de los bancos multilaterales de desarrollo en una cantidad de entre 600.000 y 800.000 millones de d¨®lares.

Los bancos deben utilizar los fondos de forma decidida para financiar la infraestructura del futuro y la adaptaci¨®n clim¨¢tica.

 Adem¨¢s, deben adaptar sus instrumentos para que se ajusten a la magnitud y al plazo del reto, lo que incluye proporcionar financiaci¨®n a 50 a?os cuando sea necesario.

Y debemos ir m¨¢s all¨¢.

Los accionistas deben potenciar a¨²n m¨¢s la capacidad de pr¨¦stamo de los bancos multilaterales de desarrollo, entre otras cosas mediante una recapitalizaci¨®n audaz y nuevas reformas.

Ante la reducci¨®n del margen fiscal, cada d¨®lar p¨²blico debe rendir m¨¢s y utilizarse de forma m¨¢s creativa para movilizar capitales privados.

Esto significa garant¨ªas ampliadas, financiaci¨®n en moneda nacional, financiaci¨®n combinada y otros instrumentos de riesgo compartido para reducir el costo del capital y atraer la inversi¨®n privada, especialmente en los pa¨ªses en desarrollo, donde los riesgos se perciben como elevados.

Significa recurrir a fuentes de financiaci¨®n adicionales, desde impuestos solidarios a los sectores con altas emisiones hasta canjes de deuda por acci¨®n clim¨¢tica, pasando por ingresos del mercado del carbono y la movilizaci¨®n de la filantrop¨ªa.

Y significa asegurar que todas las instituciones financieras ¡ªp¨²blicas y privadas¡ª adapten sus operaciones al Acuerdo de Par¨ªs y a la realidad de un mundo que se calienta.

Al fin y al cabo, la prueba es sencilla:

Debemos canalizar capital hacia los pa¨ªses en desarrollo con la rapidez, la magnitud y la asequibilidad que exigen los tiempos actuales para hacer frente a la crisis clim¨¢tica, impulsar un crecimiento m¨¢s s¨®lido y resiliente, y avanzar en la consecuci¨®n de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

En s¨¦ptimo y ¨²ltimo lugar, debemos proteger la ciencia y la verdad misma.

La ciencia ha dotado a la humanidad de la capacidad de comprender los riesgos antes de que se produzca una cat¨¢strofe.

Sin embargo, la desinformaci¨®n se est¨¢ extendiendo ¡ªde forma deliberada¡ª para retrasar la acci¨®n clim¨¢tica, afianzar intereses creados y minar la confianza.

Debemos actuar para proteger la independencia cient¨ªfica;

Fomentar la confianza en los datos y en las instituciones;

Proteger a los defensores de los derechos humanos y a los periodistas que informan sobre el clima y el medio ambiente;

Y velar por que todo el mundo tenga acceso a informaci¨®n fiable, cre¨ªble y con base cient¨ªfica.

Las Naciones Unidas han puesto en marcha la Iniciativa Global para la Integridad de la Informaci¨®n sobre el Cambio Clim¨¢tico con el fin de contribuir precisamente a eso.

Los hechos son importantes. La ciencia es importante. La integridad de la informaci¨®n es importante.

 

Queridos amigos y amigas:

Perm¨ªtanme terminar donde empec¨¦: con Dickens.

En lo que respecta a la agenda clim¨¢tica, este es, sin duda, el mejor de los tiempos y el peor de los tiempos.

El peor: porque los efectos del cambio clim¨¢tico se est¨¢n intensificando, se avecinan puntos de inflexi¨®n y la crisis energ¨¦tica ha puesto de manifiesto los graves riesgos que conlleva la dependencia de los combustibles f¨®siles.

Pero tambi¨¦n el mejor: porque la revoluci¨®n de las energ¨ªas renovables ya est¨¢ en marcha.

Una revoluci¨®n de energ¨ªa limpia, electrificaci¨®n, costos a la baja, aumento de las ambiciones ¡­ y enormes oportunidades.

Una revoluci¨®n capaz de liberar a los pa¨ªses de la volatilidad de los mercados de combustibles f¨®siles, ampliar el acceso a la energ¨ªa, reforzar la seguridad, crear puestos de trabajo, mejorar la calidad del aire, restaurar los ecosistemas y hacer posible un futuro m¨¢s seguro.

Tenemos la enorme oportunidad ¡ªy la responsabilidad¡ª de convertir esta ¡°Historia de dos crisis¡± en una ¨²nica historia de determinaci¨®n, equidad y progreso compartido.

Podemos finalmente cerrar el cap¨ªtulo de los combustibles f¨®siles y construir un futuro impulsado por las energ¨ªas renovables y basado en la justicia clim¨¢tica.

Este es el momento de elegir. Nuestro momento de la verdad. Nuestro momento de oportunidad.

Tenemos que aprovecharlo.

Muchas gracias.